Friday, December 04, 2015

LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA JAURÍA -POEMARIO (PROSA)



01

Si opta otra vez por recibir la absolución del mismo pecado mortal de siempre, llorará a mares su dolor al igual que en los años pasados, prometiéndose que no caerá otra vez en esa degradante y exquisita ofensa fatal, aunque un hipopótamo lo pisotee compeliéndole. Este fraude bien equipado e institucionalizado le permiten al sacerdote, al penitente y al espectador, mantener el catolicismo de pie, boyante. Cada uno se luce en el celuloide, sobre todo el mirífico libretista y automedonte.

Hechos 3:19; Lucas 13:5; Oseas 10:12

02

Son signos eficaces de la iglesia, instituidos por la iglesia y confiados a la iglesia, por la misma iglesia, por los cuales el desvencijado o parroquiano no se califica a sí mismo como un desencaminado. Serían un puente entre el Creador y el hombre, un peán a las finas terminaciones, un relacionador público, un trámite oficinesco, una representación del continuismo erial, una ocurrente mofeta más del papado. El sacramento es un actor premiado, un sablazo, un conglutinador de embromados, un desaguisado. Al lado de la santidad eres un calandrajo, un desmelado, un moco de pavo. Nada en la Escritura cubre esta garrama, y lamentablemente, hay sólo dos ordenanzas. El karma de la tradición eclesiástica es lavar los vocablos comprometedores de Emanuel y ser el soporte aureolar de otros lavados. Pasaron de un Cristo Redentor a una iglesia redentora. El sacramento no posee gracia ni destreza alguna y Jesucristo te salvará ahí donde estés, sin papeleos. No hay santidad ahí, sólo símbolos sagrados ritmados.

Mateo 9:22; Salmo 103:3; Romanos 7:25

03

El bautismo es el ingreso formal a la vida sobrenatural, a la fornicación sobrenatural, al vicio sobrenatural y prerrequisito curricular de los otros sacramentos. Por el bautismo el bebé es liberado del pecado, regenerado y hecho un hijo de Dios, aunque después sea un diablo empedernido y un profeta esplendente de la carne y sus antojos. Ser un cliente usual del romanismo traería beneficios espirituales fijos y atrayentes, a un bajo costo. El arrepentimiento total y la conversión recia a Cristo perjudican notablemente sus intereses. Para transformarlo en un lacayo de conciencia al niño hay que matricularlo con premura, como sea. El número de compradores de la mariología sobrepasará el aumento demográfico de los infieles. El bautismo: le hace una nueva criatura, una nueva persona, un nuevo ser; lo salva y lo llama a la santidad con una voz inaudible ¿Tanto portento en un bautizado que va a ser un descarriado impetuoso hasta el féretro, con todos sus sacramentos en su ser, a su haber? ¿Cuántos vibran con el camino angosto? ¿A cuántos bautizó el Nazareno? “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio”. Nadie cree en los encantos del bautismo, mas lo aceptan por razones de Estado, de un Estado Vaticano que urde sin aprensiones lo que sea con tal de no finar. Empresa que no crece perece. El puntilloso paladín de los borricos descifró que el bautismo es posterior a la redención. El bautismo es para los creyentes convertidos y el bebé no es ni creyente ni un descarriado. Cornelio recibió el Espíritu Santo sin bautizarse.

1 Corintios 1:17; Apocalipsis 21:7-8; Hechos 2:38; Lucas 13:5; Mateo 28:19; Hechos 10:44-48

04

Es indisoluble y perpetuo: atestiguas la indisoluble y perpetua dilección por el Padre. Te conmina a esa fidelidad conyugal inviolable que los esposos bien bautizados aplauden a rabiar. Se escabullen del adulterio sin trastrabillar. Y como te darás cuenta, y ya nadie lo refuta, la ceremonia del matrimonio es la zancada invicta que da gracia y albúminas a los contrayentes marianos, que tan bien sobrellevan su férrea relación en el Señor, a través de los fragosos quinquenios. Practicar tae kwon do o boxeo con la amada esposa, es repudiado terminantemente por el monseñor. El bombardeo de aletazos, puntapiés y palabrotas, axiomáticamente damnifican la santidad ritual del dúo involucrado en los bretes y egotismos del altar. El abandono, los cuernos, los rempujones, los aruñazos, las farras, el patear las puertas y los botellazos, son una ofensa irrecusable al incontrovertible enlace. El Pan eucarístico satura de ternura y aguante a los dos. Nadie cuestionaría al casorio y sus dispares prebendas. Del vodevil, el cura es la estampilla de la caución. El matrimonio asegura un amor a prueba de tiros. Las excepciones a esta preciosidad marital son muy raras. Las bodas de oro te aíslan de la excomunión y de la dicha. El sacramento es la desazón de los creyentes no católicos.

1 Pedro 3:1-7; Proverbios 31:10

05

I

En un momento de profundas disecciones e iluminado por los cantos de sirena y el burbujeo, resolví con entereza ser sacerdote. Me avalaban los membrudos genes romanos de mis parientes y de los munícipes. Desde lejos y sin binoculares la causa se veía perínclita. Estoy urgido en la fétida sombra de un árbol infecundo, latoso y consagrado a atascar el sol. Mi falta de frutos del reino de los cielos en los corazones corroídos es sobresaliente y cualquier jaleo menor agota mi inerme paciencia ¿Soy párroco por el llamado de mí mismo? ¿cuál es la culpa de los que me engatusaron? ¿cuánta ponzoña hay en los que me punzaron? El voto de pobreza no es el cuño del señorío eclesiástico, es el de los pelos de la cola, de los zoquetes. Me someto al papa, no al evangelio puro y simple. Las desgarradoras lágrimas de mis testículos reprimidos objetan la brutal castidad perpetua, con un plante. Los acreditados siervos de Dios se pasean con su esposa poseyendo calidad moral para predicar de la familia. Las escurriduras de mi sufriente conciencia no califican de santo a este mundo mío, insípido y burdo. En mi rebaño los fieles no testifican con sus vidas lo formidable que es guardar los mandamientos y presentarle a Jesucristo a los destartalados. El que no es un mundano es un bicho raro. Con el paganismo pulido vagan extáticos y altaneros. Con la impostura, la jarana y la incontinencia, no se alborotan ni en el miércoles de ceniza. No traigo almas reformadas a los pies del Salvador dispuestas a ser modeladoras de la fe. Un pentecostés con lenguas extrañas, sanidades y liberación de demonios, generaría la apertura de un libro de quejas, condolencias, escarnios, dicterios y coceaduras. Al engañarme a sabiendas soy un trapisondista, un cuentero con valor agregado y espaldas anchas.

II

Soltero me ordené,
soltero me desordené.

Me apegué a la fe,
la fe se despegó de mí.

Corrí tras la castidad,
me aburrí de correr.

Los pensamientos sexuales me apalean,
intenté mantener la compostura.

El celibato los demuele a todos.
Algunos sobreviven, acompañados.


Jeremías 50:6; Ezequiel 13:3

06

I

El mes pasado me bauticé con tres meses de edad, y entre pañales y mamaderas mi vida espiritual rebosa por los estribos, siempre que mi trasero no se descargue. Con el discernimiento de un perejil sabihondo, corroboro que la absolución del agua es coruscante. Cuando no me meo, imploro por más luminosidad. No me descarriaré apagando mi primera vela. Voy a misa los domingos en mi coche violáceo y si no me sé ningún himno por el momento, alabo a María moviendo mis manos y pies, con mi cara roja como una guinda meridional. En mi nueva fase de hijo de Dios no capto nada y aquí estoy, apechugando hasta las últimas. Nací con mi alma podrida, mas ahora soy un retoño del reino de los cielos que iría por más. A mí la misericordia me agarró con firmeza. A los otros inmundos de esta sala cuna que no se les ocurra morirse sin el bautismo, que es el pórtico de un peregrinaje potente, como el mío. Soy el estresado aerofaro de estos pequeñuelos coetáneos, por ser un renacido, un alumno en regla, un esmerilado.

Marcos 10:14; Marcos 16:16

II

Mi bebé nació tan enfermizo que me apuré en remitirlo a la pila bautismal. No deseo que mi pequeñuelo tenga problemas en el más allá por mi lentitud, por llegar atrasado a la baptisterio. Del paraíso mi bebé bautizado exclama inflamado: ¡alcancé salvación!

07

Tan hidalgo e ilustre que era el caballero. La autopsia revelaría indicios de liturgias flojas en el postrero fondo de su alma retocada. El polvoriento rosario de plata dado por su madre insinuaría pistas para despistar a los despistados. Nunca tuvo la intención de vegetar en los suburbios de las tinieblas con una risotada de tímpano a tímpano. El desapacible y nocente desaire a la santidad efectiva fue campechano y voluntariamente involuntario. El ser un pelele de la fruslería no era su meta. Se confeccionará el concomitante concordato para enviar derecho al paraíso a todas las lombrices de alcurnia. Con intrepidez, sin tarifa rebajada y romana creatividad, se desvestirá un filántropo y satisfactorio desenlace, como una bula que favorezca a los belitres tiesos. La última y recurrente alternativa de los envilecidos es el relajante y vilipendiado purgatorio, de gas grisú. Al que se le ocurrió lo postularán al premio Nobel de economía y a una doble canonización, por innovador. Este cuento de osario es un lúgubre apeo sicológico. Su familia posee las más aristocráticas influencias y es yunta del obispo desde su onanismo inaugural. Entre domingo y domingo, ruego y ruego, rezo y rezo, y súplicas y alaridos marianos correctamente autorizados, tal vez prendan volando bajo a nuestro Señor y ceda. Con lo porfiado que era el occiso, hoy rígido y de frac, las incertidumbres y supuestos se despejan de a uno. Todo se selló e insistir es un sarcasmo infame. La viuda escuchó lo que el Padre le replicó a su marido: vete, en el reino no se admiten lascivos enlucidos.

Apocalipsis 21:7-8; Hebreos 12:14; Lucas 1:74-75

08

Peinado con gomina, zapatos lustrados, serio como candidato a cardenal, perfumado, formado con solemnidad, un crucifijo de regalo, saco y calcetines nuevos, alas planchadas y un santito atemperado por cincuenta minutos. Así fue mi primera comunión con el Jesús papal. Los inviernos guasones y calamitosos siguen pasando y a mi implacable espejo retrovisor le asevero: la carnalidad y la insolidaridad me consumen, las bajas pasiones son mi gurú, la oblea no da ningún resultado y el bálsamo del vino tinto es baladí. Con cada misa mi sed interior se agiganta. La soledad se amarró a mi cerviz, a mi porvenir y a las multifacéticas y policromas suciedades que embanderan mi alma sacralizada. En ciertas quimeras creo divisar a Dios. Antipáticos me certifican con el abdomen en el suelo que lo tienen adentro, no en la periferia o en el tabernáculo, sino bien adentro y en calidad de monarca.

Después:
de mi milésima comunión con las botas puestas;
de mi Confirmación, por el oblicuo obispo;
de la corroboración académica de mi Confirmación
por parte de la conferencia episcopal y el camarlengo;
de mis confesiones y berreos con un marcador de millas;
de la visita del Romano Pontífice a mi diván;
de vigilar y aullar con fe, en la catedral metropolitana;
de rezar, declamar, dibujar y actuar derretido
el padrenuestro, el avemaría y los villancicos;
del retiro de un mes de corrido en el claustro,
enlazado a la imponente imagen de la virgen María;
de hacer el papel de Jesús en una obra de teatro;
de apostar una estatua de tamaño natural
de toda la Sagrada Familia en el peristilo de mi vivienda;
de esas abnegadas cuaresmas que me pusieron anoréxico;
de digerirme el rosario vísperas enteras sin bostezar;
de lanzarme desnudo a la zarzamora como mortificación;
de apegarme con una carpa al templo en el mes de María;
de mamarme el ángelus y la salve con radiactividad;
de una semana santa con las liturgias como oxígeno;
de comprarme una mitra papal para rezar más profundo;
de ser el taquimecanógrafo ambidextro del párroco y
de bucear en agua bendita con una aureola de platino,

mi alma continúa triste, irredenta y apernada al mundo, con un mejor colorete o una sonrisa más labrada, con el catecismo romano de terapeuta posgraduado. Soy el mismo de ayer, peor que el de antes de ayer, superior al de mañana y al de pasado mañana y muy superior al de fin de mes. El sacramento más que un signo es una lluvia de roñas sobre el alma. No estoy vacunado contra las tinieblas y lo sé. Las transgresiones siempre me están ratificando que estoy cuesta abajo en el aluvión. A veces me desconozco porque me estoy conociendo. Estoy despeinado y con una lupa mis alas no se ven. Sí soy el centelleante propietario de un acopio de desdichas y cachiporrazos noqueadores. La crisis interior me extiende sus manos con las uñas afiladas y con unos bototos con punta. El pecado es mi zar y el demonio nos denigra. La misa es un pan sin harina que no calcifica: nunca lo hace, nunca lo hizo, nunca lo hará ¿Quién me constriñe a creerme esta comedia estirada? ¿Cuán protervo es engañarse tanto y por tanto tiempo con mis mostachos yacidos en el fango? Mi alma socavada sigue pálida y estacionaria. No hay ninguna novedad acá adentro. Restaura el alma por la fe en Cristo Jesús. La Eucaristía es el amor secreto de la infidelidad y el año litúrgico y la atrición son sus sostenes. Evangelizar también es desritualizar, desprotocolizar.

1 Corintios 11:27-29; Romanos 1:28; Mateo 3:11-12

09

Ojalá que la muerte te pille confesado, rejustificado, o mejor...que no te aprese todavía. El abrir los sentidos en el patio de los callados no te ocasiona esa espontánea carcajada incontenible. Las fluctuaciones te atacan con su infantería, desbaratando esa cristiana seguridad que nunca atrapaste, ni siquiera en el orgasmo de la semana santa. Las premoniciones te suspenden en la cuerda floja y en el perímetro de una depresión existencial con resaca, con el manual de incógnitas densas en el envés. Si no renuncias a tus exquisitas liviandades y a esas retrecherías y ambigüedades que con tu inconmensurable esfuerzo justificarían tus típicas infracciones, esas de santurrón ordenado, tu alma de anacoreta no anunciará risas de gloria. La extremaunción borraría los residuos de tu mohosa vida, preparándote para las bonificaciones de un purgatorio que impide que los bautizados no ardan en el incendio eterno por mientras respiran aquí. La finalidad es que asimilen una narigada de sosiego, ya que el responso es una tragedia inenarrable. Con esta droga suprimen la realidad post mortem. Los gusanos están ávidos por su merienda y tu oscilante aprensión no resuelve el destino de tu interior y blablablá arrollados. Los sacramentos son analgésicos efímeros. La pecaminosidad enterró el hacha en la plaza de armas de tu ensimismamiento fosilizado. La Tradición te arrastra al barranco con una burla amplia y un puñal para la vena yugular en la hora encajada ¿Es tu réquiem la causa de un carnaval? ¿Condenación de muchos, consuelo de tontos? ¿Te huele el purgatorio a magia blanca? ¿Compartes tu gozo de ultratumba con la turba?

Juan 8:51; Romanos 6:22-3

10

I

Por este supuesto don del Espíritu Santo el pilluelo queda más cerca de las imágenes de Cristo y fortalecido para ser un testimonio confundible del glorioso evangelio que no logra absorber. Con el adiestramiento y la Confirmación cumple con los Diez Mandamientos conteniendo la exhalación una monolítica cantidad de instantes por témpora. Ya descubrirá el Decálogo fidedigno. El confirmado poseerá el hábito de la oración personal. Hay varios jóvenes en el orbe que guardan este precepto a medias y por ciclos precarios. Esto de permanecer cuatrienios sin orar extenuaría a los esqueletos ratificados. La oración asidua al Padre la han visto en las láminas y en los filmes religiosos unilaterales. Al datario no le agrada que sientan más placer con la cópula ilícita que con la sagrada comunión. Los ratificados eyaculan por cubetas sin apersonarse ni en broma en el entrometido e inane confesionario. Los que orando y escarbando la Escritura se topen con las pupilas del Hijo de Dios, quedarán a un tris de ser llamados hermanos separados, aislados, para transitar por el camino estrecho.

2 Corintios 5:17; Romanos 8:1; Gálatas 5:16

II

El ser lavado por la sangre preciosa o el aceptar a Cristo Jesús como Amo y Salvador, es un acertijo calcinante en los feligreses. Intentan confirmar con la Confirmación aquello que nunca se asentó en el corazón. Chozpar en el precipicio no sería una pampirolada. La Biblia les refriega en cada ofensa el rotundo fracaso de los sacramentos y del corporativo aparato romano. Estos productos de consumo masivo y bien pulidos los calmaría por una o que otra velada, por lo menos a los que creen en leyendas de santos, en cábalas o en apariciones fuera del molde. A pesar de las cuaresmas y las penitencias, el confirmado continúa firme con su raquitismo. Es un títere de trapo de sus mugres, un catequista. El Vaticano siempre tantea métodos y ceremonias que les ofrezca más seguridad a sus usuarios. Consentirán cualquier patraña teológica que sea capaz de despachar a los bautizados al vergel del Padre, con la menor cantidad de zancadas y mentiras posibles. En el purgatorio el hacinamiento es atroz, con un déficit habitacional insoluble e interminables nóminas de espera, y con apaleados obispos tratando de poner orden. Las garantías del destartalado y borroso confirmado se refrendarán ante un escribano cauterizado. Roma está disponible a cualquier chanchullo eficaz. Exploran con antitéticas probetas un equilibrio entre lo pío, lo inicuo y lo servible. No condescenderán que los obcecados con las misas se extravíen en los parterres del glorioso evangelio. Y si la mundanalidad los tiene de rodillas, igual con los emperrados sacramentos se entusiasman con una eternidad algo favorable y un purgatorio breve.

Deuteronomio 10:12-13; 1 Tesalonicenses 4:7-8; Mateo 18:3

III

La Confirmación no es determinante en la redención, mas sería aconsejable, dependiendo de las peculiaridades del usuario. Si te confirmas o no da lo mismo; nadie se fijará, ninguno te sindicará.

Hebreos 12:14; Lucas 6:43

11

Se emborracha todas las semanas y cada vez que sale del confesionario su sed y alcoholismo aumentan notablemente. El sacramento del perdón y la Comunión, más todos sus detergentes y aditivos, garantizan sin contrapelos ni paradojas, que el vicioso va a continuar atrapado en su perversión. En Alcohólicos Anónimos hay más poder y sanidades. El septenario sacramental es un nuncio proficuo de Luzbel.

Romanos 8:11; Isaías 1:18; 1Juan 1:7

12

No se admitirán en la sagrada comunión a aquellos que persistan en un pecado grave. Los presbíteros rijosos ocultos por el Vaticano, los que se masturban o se aparean como malos de la cabeza, con redaño, los que ven en Roma a una multinacional monetaria, no participarán de la sagrada comunión: en el apaño se marginaron del seno de Abraham. A los lascivos sofrenados les salen nimbos.

1 Tesalonicenses 4:3,7; Mateo 23:26; Apocalipsis 21:8

13

Los beneficios de un niño matriculado con agua: es adoptado en el seno de la iglesia romana, aunque después su mayor pasión sea no asistir a misa ni en Corpus Christi; es miembro titular de la oncena de Jesús, aunque después no se siente ni en la galería; es hecho templo del Espíritu Santo, aunque los coitos y las tropelías lo remolquen a su tumba; es hecho partícipe de la vida eterna, aunque después se carbonice en el purgatorio de fuego y azufre, dispuesto para estos trances sin reanudaciones; sería liberado del denominado pecado original, sumiéndose en otros peores y sin repulsas; es nacido de nuevo y hecho limpio, aunque su vida vaya a ser un repelente a la impecabilidad; es liberado del poder de Lucifer, aunque después forme con él y la carne una indomable sociedad de derecho.

Todos ven pasmados en el bautizado a un enrolado de un reino que de aquí no sería. Que distante es la conducta moral de un católico sin pecado original a la de un desdichado incrédulo. Que diferente es la conducta moral entre un católico y los componentes de las otras confesiones religiosas. A través de la integridad diaria de los parroquianos detectamos de inmediato cual religión es la más hipócrita. Que fácil es distinguir a un católico de un vicioso tozudo. El creedor que no quiera ver, que no vea. Algunos escépticos sufren un patatús al notar la consagración al Señor del bautizado promedio. Las demás religiones se acomplejan y se abruman con el derrame de santidad de los comulgantes. Nunca falta el distraído que hojeando la nueva alianza desembucha que el bautismo es posterior a la discrecional conversión a Jesucristo.

Hechos 2:38; Romanos 1:16; Romanos 5:1-2; 1 Corintios 1:17

14

Él es un acomodado y un idiota modelo. Firmó un contrato de ascensión al nirvana con los mercaderes de siempre del templo, con un montón de letras pequeñísimas, por una cifra obscena, en acres de tierra. Le vendieron un palacete con vista al horno matriz, desatendiendo las políticas crediticias y el abecé.

2 Timoteo 2:19 ; Juan 2:16

15

I

Me confieso casi todos los domingos de lo mismo, de casi lo mismo, y cada vez siento un fuerte y sincero dolor por tanto error. El lunes volveré a practicar con disciplina y renovados bríos mis pecados favoritos, los complementarios y los despreciados. En el próximo retiro espiritual sentiré un potente y honesto sufrimiento por tanto atropello vil a los mandamientos, y de nuevo pediré perdón, con ímpetu. Entre sacramentos, peregrinaciones, contriciones, compunciones, remordimientos y exámenes de conciencia, se fue mi juventud, y la de tantos. Honré con severidad cada etapa de la penitencia, siendo sumiso hasta en los detalles engorrosos. A mi sucio corazón no hay quien lo detenga, menos ahora, que va en bajada y sin pedales ¿Cuál es el procedimiento averiado?

Mi colección de visitas al confesionario no pellizca el arcén de mi caos ni la bastilla del auténtico cristianismo. La Penitencia da fuerzas para no pecar. Es por esto que los apetitos de mi carne me rigen sin censura a límites insospechados. Las debilidades definitivamente son mi amo ¿En qué momento tumbo esta farsa?

La Penitencia se tramó para tratar de embozar tanta tiranía, tanta tontería, tanto alquitrán, tanta caracha. Años de grandilocuente religiosidad y mi séptica alma cada vez peca con más ñeque y precisión.

Salmo 19:12; Gálatas 5:19-21; Mateo 7:17

II

Mi penitencia consistió en caminar descalzo siete vueltas a la cuadra con una imagen tamaño natural de 
la virgen del Perpetuo Socorro y rezando avemarías continuadamente. Es que me desvié en demasía de la vía pía. Hago esta penitencia una vez al mes y rezo cada noche rodeado de cien velas. Es que me desvié en demasía de la vía venerable. Hermanos más devotos se lanzan a un zarzal desde un tercer piso casi desnudos, y rezan allí por horas sin derramar una sola lágrima. Es que se desviaron en demasía de la vía casta.

16

I

A pesar de que Cristo exclamó en la cruz: “consumado es”, lo han matado millones de veces más, lo asesinan cada domingo con piedad y lo matarán mañana y pasado mañana otra vez, una y otra vez, con tesón. Simplemente no se cansan de ultimarlo.

Una sola muerte, Su muerte,
fue y es más que suficiente por nuestros pecados.
Un solo sacrificio, Su sacrificio personal,
fue y es más que suficiente por nuestros tropiezos.
Una sola ofrenda, Su ofrenda, por todos nosotros,
es más que suficiente para la total salvación de todos.

Cristo pidió que lo recordaran, no que lo ejecutaran una y otra vez, cada día. Cristo profetizó que lo adorarían en todos lados, no que lo asesinarían cordialmente, en todos lados. Cristo ya no fallece más, ya no fallecerá otra vez. La muerte ya no se enseñorea de Él. Nada ni nadie y de ninguna manera volverá a matar a Cristo, el inmortal, aunque mil obispos lo arrastren al patíbulo bienaventurado.

II

Haced esto en memoria de mí, en conmemoración mía, para que reflexionen sobre la nueva alianza. No me acuchillen cada domingo. Ese viernes santo y glorioso fue y es más que suficiente para la plena redención de los que me invocan con fe. Mi cuerpo fue entregado una sola vez, mi sangre fue derramada una sola vez. No es necesario que me lapiden cada domingo. Basta de sacrificios inútiles, basta de misas. Detengan este escándalo. No me ejecuten más, por favor.

Hebreos 10:10-12; Hebreos 10:14; Hebreos 10:18; Hebreos 9:27-28; Hebreos 7:27; Romanos 6:9; 1 Corintios 11:24-26; 1 Pedro 3:18; 1 Corintios 10:10-14; Lucas 22:19-20; Salmo 51:16-17

17

La infidelidad conyugal es un pecado mortal. Y si el católico goza como delfín en el agua el adulterio, de todas maneras continúa siendo un pecado fatídico. No se complace con la misa dominical como con los lengüetazos a los glúteos foráneos. A la seducida, la espera con gula y desenvuelto, por lo menos al principio del amorío. Las eyaculaciones son con furia y en hilera, asumiendo los costos de cada afrentoso coito. La monomanía de estos terminada la Eucaristía, es masticar y digerir cada vez con más avidez las manzanas prohibidas, sin frenarse, ni para el cepillado de su movediza dentadura. Si bien la comunión aquietaría el deseo por media hora, el manzano se queda vacío y con terciana al apreciar el fruto de tanta lujuria fanática pechoña contenida. El encornudamiento es una falta fatal. El bautizado cree que es un agasajo del más allá y se ríe desde ya con su próxima contorsión erótica. El catequizado es un hombre de familia y peregrino compulsivo de la Virgen de Guadalupe, a la que le ruega que no se le olvide meterlo al purgatorio por la ventana del excusado. Si usted al feligrés lo amenaza con las brasas, tampoco suelta esa minifalda que tiene tan bien agarrada con sus manos, molares y flujo sanguíneo. En su incontinencia, el hijo de María es insobornable.

Éxodo 20:14; Gálatas 5:16-17; Romanos 7:21

18

En los judíos, la sola idea de beber sangre humana era una aberración, un ilícito condenado tajantemente por Dios. Si en la última cena ningún apóstol le reclamó a Jesús, era porque la ceremonia era simbólica y el alimento espiritual. Es obvio que los apóstoles no se bebieron la sangre que todavía no se derramaba en la cruz. Ningún apóstol pensó que se comía a Cristo. El canibalismo incruento veja al Creador ¿Es la santa cena un ritual que conmemora a una persona que está presente y lista para ser asesinada y digerida por la grey? ¿Cuál es el destino de las sobras de la sangre y del cuerpo de Cristo un año después de concluida la misa? ¿Terminan arrojando al tarro de la basura los residuos del cordero de Dios inmolado? ¿Si se roban una hostia consagrada de la catedral se están robando a Jesucristo mismo, entonces? A Cristo lo adoran, lo matan y se lo comen. Cristo ya no muere ni morirá, aunque los curas lo asesinen un millón de veces por día. La muerte ya no se enseñorea más de Él. No existe el subterfugio que lo haga fallecer otra vez.

Levítico 17:10-14; 1 Corintios 11:24-26; Juan 16:25; Romanos 6:9

19

I

Atormentado por esa llama que no se apagará jamás, nada puedo hacer desde aquí para que mis seres queridos no condenen su alma como yo. Una gran sima me separa de los redimidos fallecidos y de los vivos. No puedo orar ni interceder aunque grite como Tarzán. Los fallecidos estamos sitiados. Ningún finado es ayudable o socorredor. Sólo el Espíritu Santo guiará a mi familia a los pies del Salvador, siempre que ésta decida aceptar radicalmente al rey de reyes como yo no lo hice, cuando estaba vivo.

Lucas 16:26; Lucas 16:31; Eclesiastés 9:5-6

II

Una iglesia muerta que intenta comunicarse con algunos muertos, que canoniza a tipos ya muertos.
La iglesia del Nazareno vive, el santo vive y colea, el Espíritu vivifica a los que viven.
Es una iglesia muerta que con pompa condecora a sus muertos, que eleva a los altares a algunos difuntos.
La iglesia del Espíritu Santo vive. Cristo es el que reina, intercede, favorece y vive.
Sólo aquel que se convierte a Cristo vive.

Isaías 8:19; Apocalipsis 4:9-11; Efesios 3:14

20

Como católico interiorizado captas con impactante claror que todo es una bernardina del pozo más hondo. El catolicismo te mima tu pecado predilecto sin la angustia de tener que ser puro, un hijo de Dios. Pecas en paz, con el soporte teologal de los catedráticos del dolo, que te librarán de cualquier aprieto, acá.

Mateo 23:28; Proverbios 2:6-10; Proverbios 3:5

21

I

Al niño que se encuentre en peligro de muerte se le bautizará sin demora, lo mismo se hará con el niño expósito, los dementes y los fetos. Salvar a estos infames del diablo es neurálgico.
El niño muerto no bautizado:
al cielo no se va, por no estar bautizado;
al infierno no se va, por ser un niño;
al purgatorio no se va, por no ser un bautizado;
y al limbo no se iría porque no es un paradero oficial.
Si nos notifican de la milenaria fullería del bautismo infantil se acorralan, yéndose a la bancarrota en un dos por tres. No chuparían más de la salvación del alma. El recién nacido fallecido no bautizado se va llanamente al cielo, sin intermisiones, aunque haya sido un sádico ¿Cuándo el Pontífice valora los dictámenes de Cristo?
La iglesia católica no sospecha el destino de los niños de pecho no bautizados muertos, por una conveniencia monetaria y geopolítica ¿Cuán ridículo es bautizar un feto?
El bebé no bautizado es un inocente sin mancha delante de Dios y no requiere ser rescatado de las garras de Satanás, ni nacer de nuevo, ni gracia santificante.

Mateo 19:14; Párrafo N° 1283 del Catecismo Romano.

II

Párrafo N° 1283 del Catecismo de la Iglesia romana:
“En cuanto a los niños muertos sin Bautismo la Liturgia de la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y orar por su salvación.”

La Liturgia nos invita a tener confianza en la misericordia católica, no en la Escritura. “porque de los tales es el reino de Dios” ¡La Liturgia de la iglesia nos invita a orar por la salvación de los niños muertos sin bautismo! Sólo a la desviada iglesia de Roma se le ocurriría elevar una extraviada plegaria como esta. De todos los niños es el reino de Dios, sin excepciones, por derecho propio, por su sola condición de infantes. Los niños son propietarios del reino de los cielos. Si el Catecismo no desestimara al Nazareno no sería la portentosa sentina que hoy es. Como el Vaticano ignora totalmente el paradero de los difuntos bebés confecciona plegarias que nadie en su sano juicio escucharía ¿Es confiable una iglesia que reza así? Todos los niños muertos no bautizados son salvos, “porque de los tales es el reino de Dios.” ¿Tiene salvación la infectada Liturgia romana? Todo niño es un santo por un decreto de Jesús y el bautismo de los infantes sobra, es un chasco.

Marcos 10:14; Lucas 18:16; Proverbios 30:5-6

22

Comulgar es recibir a Cristo presente en la hostia y en el vino consagrados. La comunión te hace crecer, te nutre el alma y te aparta: de las pringosas telenovelas, de la ira, de los excesos ambrosianos, de los senos asfixiantes, de la veintiuna, del rencor vindicativo, del cohecho magisterial, de las fragilidades negrales, de la tacañería y del porno shop. La comunión te santifica por todos los costados. Es el armamento atómico con el que se combate la pecaminosidad y tanta mundanalidad decadente. Que mejor prueba de tanto prodigio espiritual que la impureza permanente e impenetrable de tu ser. Al comulgar estarás en estado de gracia, desgraciado. Si en lo recóndito de tu alma habita algún pecado mortífero, no harás la fila de los mimos consagrados por la inercia. Con rigor, las almas comulgarán sin manchas. Si en tu corazón hay lunares leucémicos, te confesarás prometiéndole al Señor que nunca más, que nunca más, que nunca más pudrirás esa alma que escobilló la inconmensurable e incontrarrestable Eucaristía. Lo sustancial es proclamarlo con una inequívoca fe en María y en los santos taquilleros de tu terruño. No te lavarás el corazón, mas si te lavas el cerebro todos los domingos y festivos sin desdeño, a la vuelta de cada trienio no comprenderás, una vez más, porque todo empeora siempre. La lavandería no lava, no restriega ni pule. Por lo menos en el instante en que comulgas, tu alma no se anclará a las tinieblas. No hay traumatismos doctrinales si un minuto más tarde vuelves con ahínco y sibaritismo a tu estable, inexpugnable y mugrosa realidad interior. Con deferencia se hace así desde siempre. Todos fingen que se creen la bufonada. Es sobresaliente la intuitiva y sacra coordinación entre los fieles a la fila que van a la patena condescendiente y compinche de las barrabasadas. Cada domingo la pantomima deificada es la misma. Cineastas le dan variados óscares a la santa sede: mejor guión, mejor actuación, mejor escenografía. La Eucaristía, con sus desatinos, burradas y pifias, tratará de convertirte en un cabrito lo menos renegrido posible. Las sólidas y corpulentas miserias morales de los asistentes a la inocua comunión, son un calambur inasible. Si el papa visara el cinismo en un acto solemne, el catolicismo sería transparente y pudibundo. No es un simbolismo ni una jugarreta atroz. En la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente su cuerpo y su sangre. El que se traga la hostia se come a Jesús. Esta antropofagia beata glorifica al Vaticano. La misa es jocosamente impotente frente al mal.

Isaías 55:7; Proverbios 26:11; Romanos 6:23

23

El evangelio puro y sencillo como tabú, espíritus cautivados por mitos promulgados, corazones obstruidos al nuevo pacto, el romanismo como espada, la carnalidad como escudo y la mariología como yelmo. Igual el Espíritu Santo te engarzará la conversión a tus ahíncos, si te apresa babeando por Él. El pecado original como faraón, un régimen sin consecuencias apostólicas, pasos ambiguos y contradictorios, paredones religiosos que te encharcaron, trapecista de un anfiteatro solemne y la moralidad como miasma. Si el Espíritu Santo es el autócrata de tu alma, la fruición se te atornillará.

Efesios 6:13-18; 1 Corintios 4:21

24

I

Si la oveja con sus documentos en regla va a morir y no se le ha aplicado la extremaunción, será un deber ético ineludible del sacerdote apretar el acelerador del sacramento móvil o pedalear más veloz si solo tiene un triciclo. Los hazañeros reivindican un servicio de pedigrí elevado.

II

Como mundano bautizado mi gran esperanza antes de expirar se llama extremaunción. A ella me agarro, de ella dependo, en ella invertí todos mis ahorros. Me he tragado todas las creencias romanas, así que no me negarán este número final. Soy un desordenado atento a ese glorioso último minuto en este planeta. Si fallezco en forma repentina, todo se va al cuerno.

Gálatas 5:19-21; Apocalipsis 21:7-8; 2 Pedro 2:4-5

25

Para bautizar lícitamente, se requiere que haya una fundada esperanza de que el niño va a ser un adulto católico, apostólico y romano, consecuente con la más estricta moral. La inclaudicable e impactante santidad de los católicos mayores de edad no perderá una continuidad histórica que siglos y siglos avalarían. El luminoso testimonio diario no se vende, por eso las meticulosas exigencias. No cualquier churumbel es bautizado, no todos acceden a la pila bautismal. El porcentaje de bebés reprobados es empinado, ya que el cura no se doblega ni por un donativo de cien plantaciones de tabaco.

Hechos 2:38; Hechos 8:37-39

26

Los padres de los retoños bautizados acumulan tanta tensión por la responsabilidad moral que suscriben con la gracia bautismal de su hijo, que algunos anuncian una úlcera antes de que el niño espete disparates o blasfemias. Como estos padres no le fallan a la mamá del Creador, pagan onerosas clases particulares de Biblia, haciendo del hogar un asciterio pedagógico sin libertinajes ni malos ejemplos ni asquerosas palabras. El bautismo es lo que es.

Hechos 17:11, Juan 5:39; Salmo 139:7

27

Concluido el naufragio quedaron abandonados en una isla con suficientes víveres y una Biblia, que empezaron a escudriñar, a vivir sus hojas, a compartirla y a gozarse cada día. Se santificaban de a poco, con naturalidad, casi sin darse cuenta y a veces, sin anhelarlo. Al ser rescatados por un galeón un quinquenio más tarde, fueron remitidos a Italia para su redención oficial. El obispo de Roma los conminó a enlistarse en la religión verdadera mediante una adecuada preparación, antes del vital bautismo romano. Asistían cada jornada a misa y al catecumenado. A las pocas semanas esta comunidad convertida al Señor no se convencía de las monstruosidades del catecismo, del fetichismo. Con estupor, desertaron colgados de una flecha. Volvieron con más convicción a las raíces, a la calzada apostólica, al ayuno, a la Escritura.

Salmo 119:105; Salmo 119:140; Salmo 19:7-8; Hebreos 4:12; Lucas 20:46-47

28

El practicante que se inmerge en los Textos Sagrados muchas veces no recoge ni una jota. Con su cara de Jerónimo Savonarola despista al vecindario y a los echacuervos. La debilidad con un vergajo lo azota. Si una fluorescencia de la Palabra le cosquillea no se conforma con gozar lo que no entiende. Las alhajas evangélicas le son un crucigrama. Otros postulan que la santidad cierta es inasequible, como algunas de las esquizofrenias de la mente.

Santiago 1:5; Juan 5:39; Salmo 119:33

29

I

Cuando acumula mucho o lo suficiente, acude a confesarse con el corazón humillado, con el alma adolorida por la misma y reiterada afrenta, con una bronca parida y momentánea al pecado, y con un remordimiento taxativo y desolador y con el propósito de cambiar y lustrarse a como dé lugar, sin mensurar detrimentos.
La confesión íntegra: eleva su nivel de conciencia; le ayuda muchísimo a domar las tentaciones por sabrosas e indefectibles que le parezcan y engrandece su vida cristiana notablemente. De testigo están los dragones ambarinos de siete pies.
La Penitencia es la confesión personal plena de cuerpo presente, con una lengua contenida que explosiona con autosugestión. De existir imposibilidad o impedimento, se usará el teléfono, un altavoz, el código morse, las señales de humo, el chat, las señas u otro, con criterio y restricción.

El sacramento del perdón:
te reconcilia con María y su hijo Dios,
con el regente de Baal,
con la rocosa organización eclesiástica,
con los iconos geodésicos y los crucifijos,
con la catinga del romanismo y su eminente hostia,
con los santos, beatos y los monaguillos;
le da colosales fuerzas para no pecar,
con las leyendas papales de meollo.
Una vez nutrido de la letra y espíritu de la Reconciliación,
el pecado le da hemiplejia, disentería.
Testigos son los elfos gordinflones derrengados friolentos.

El lene efecto encantador del perdón ritual subsiste escamosamente, por mientras veas al presbítero. Lo importante no es ganar, sino participar.

Ezequiel 36:25-27; Mateo 23:25; Romanos 7:24

II

Cometemos pecado mortal cuando ofendemos a Dios en una materia grave, deliberadamente.
Son pecados mortales:
secuestrar a Edgardo Mortara;
no hacerle una autopsia irrefutable a Juan Pablo I;
beatificar a Pío XII;
enriquecerse explotando a indígenas;
encubrir a los banqueros de Dios;
no denunciar con vigor al cura pederasta;
copular, copular y sonreír;
faltar a la misa cien domingos seguidos, alegres;
aplaudir a algunos tiranos desde la Santa Sede;
remitir fallecidos con fe al inexistente purgatorio;
ir tras el oro con los ojos desorbitados y un pesebre;
no pagar las indemnizaciones a las víctimas del clero
y las asignaciones familiares por los hijos de los curas.
Estos torcidos no participarán de la Comunión.

30

Ninguno reza por mí, ninguno implorará por mí ni por los cientos de millones de abandonados a su suerte, que me acompañan descorazonados. Ni con otro mitin ardiondo abogarán por nosotros. Innumerables equinoccios han pasado y los ángeles se avejentan desgaritados. Las raciones de enjabonado son irrisorias y vanas. Como muchos, fallecí sin parientes rezadores, bautizado, confirmado, santiguado, oleado y disuadido. Que ominoso es tostarse sin que nadie jeringue al cura por las miles de misas que me faltan para ser trasladado a mi chalé definitivo, en el cual resido hace seis agobiantes y deplorables siglos ¿Qué sucederá en la parusía con los billones de presbíteros, diáconos y ovejas postergadas y engomadas a este ignífero purgatorio final? En este lado no hay cambios de horario ni moho y absolutamente nadie intercederá por mí otra vez, por ser un devoto anónimo, un menestral, enterrado antes del nacimiento de Cristóbal Colón. Nadie solicitará una indulgencia por mí. Estoy acabado, por ser un purgante ordinario. Fallecí hace siglos y hasta María se me corre.

Lucas 16:26; Mateo 25:32; Apocalipsis 3:16; Mateo 22:5

31

I

¿Con la Confesión queda convertido? ¿convertido en qué? ¿en quién? ¿cómo? ¿Flanqueado por la Eucaristía y las indulgencias nadie polemizaría sobre su ñenga y breve conversión? ¿Para qué se reconcilia con el Padre por un tris? Lavado, santificado y angelizado, y la maniobra no lo persuade ni a él. Prolongados chaparrones de sacramentos sobre sí y su sarnoso comportamiento no se desfigura ni en una coma, es más, suele recrudecer. Dios, que la jarana regada no sea un pecado funesto. Con su concupiscencia indomesticable y apetitiva cazcalea por los senderos de la lobreguez mirando hacia delante, gorgoteando y sin cespitar. Los sacramentos no garantizan la salvación; los méritos, las buenas obras, la caridad y el esfuerzo personal e impermutable, tampoco. Nada, absolutamente nada en la iglesia romana te asegura la salvación eterna, nada. A lo más, te dan un purgatorio de una tonalidad prevista. Es que la salvación es sólo por la fe en Cristo, sólo por su gracia. El edén no es ganable. Todas las buenas obras de la humanidad juntas más todos los sacramentos y valías, no alcanzarán para la salvación de una sola alma. El único mérito es Su sangre, fluyendo.

Colosenses 1:14; Mateo 24:51; 2 Pedro 2:4; 1 Corintios 10:21

II

¿Por qué? ¿por qué el católico piensa que debe colaborar en su salvación? ¿Por qué el bautizado se siente inseguro e inquieto al vivir, al apostar, al agonizar, al morir? Su sangre preciosa es mérito único y suficiente, y no hay industria humana que sirva de algo. La salvación en sí es por la fe en Cristo, por gracia. Mas esa grandiosa y permanente incertidumbre que ofrece a todos el catolicismo, lleva al rebaño a entregarle su confianza a los sacramentos, a las buenas obras, a la religiosidad popular, o a lo que venga, que parezca santo y sumador. El aspecto humano de la redención propiamente tal es decirle libremente que sí al Padre, nada más. Todo lo demás corre por cuenta de la santa cruz ¿Por qué en el silencio, un católico se repleta de vacilaciones, resquemores y humo negro? ¿Por qué nunca reposa a cabalidad?

Romanos 1:17; Filipenses 3:9; Romanos 5:1; 1Pedro 1:19

32

La producen en serie cada domingo con el inflexible molde romano. La misa: bendice sables, inaugura ferias y malls, ayuda a los difuntos descarriados cristianados o es la partida de algún festejo regado. La homilía es un camaleón candongo.
Piadosos la recitan de corrido con su mente en la biota comarcal. Al que se aparta del añoso y tullido libreto el diácono le pone un rostro de mamut hambriento.
No se ven desubicados con una Biblia en la mano.
No dan berridos de júbilo ni brincos sobre el dosel.
Las cuatro paredes de la capilla son un acicate a los que detestan la piedad fidedigna, esa de cincuenta y nueve minutos por hora. La misa atonta a cualquiera que ansíe engomarse al evangelio oriundo de Cristo.
Si intentas proscribir demonios, el obispo arribará irritado en un helicóptero marcial a destituir a los desalojadores. La limpieza ritual es aguantable, la genuina no.
Si lloras con alaridos tu arrepentimiento, te escoltarán a la puerta con un sedante, un vaso de agua y una camisa de fuerza. A los extravagantes los fiscalizan con recelo. El eclesiástico no anhela las consabidas derivaciones de esa salvación terremoteada por la fe en Jesús. La liturgia transforma en un creyente libidinoso al practicante con ganas de la profusión del Todopoderoso.
Si la Tercera Persona de la Santísima Trinidad no se adapta a las estructuras descorporizadas y ensalzadas por la carne de los papas, se retirará de los siete montes dándole la pasada a los dioses dóciles. El superior de las noches sin luna no afloja.
Aquel que no resista esta amodorrada celda, corre el inminente peligro de alcanzar el edén.
Dios Espíritu Santo desea copiosamente: expulsar demonios, libertinajes y ofensas, a todo vapor; un arrepentimiento tajante e inmodificable; quebrantar y sanar corazones, partiendo desde el último escondrijo lindado; desobstruir el alma de la egolatría y la piojería; redargüir y escobillonar a los concurrentes y transeúntes.
¿Cuántas fecas no se esfuman de tu alma con la Eucaristía?
El misal marca con tesón el ritmo de la rutina estéril y negruzca.

Hechos 4:31; 1 Corintios 14:26; 1 Corintios 14:39

33

Con el agua bendita se recuerda los implacables y santos compromisos del bautismo. Y si nunca se ha respetado el compromiso que nunca hubo y que la mayoría no sabe de qué se trata, siempre es saludable refrescar la memoria, sobre todo la del desorientado discípulo, que ignora con afán las fútiles motivaciones por la cual lo mojaron frente a los circunstantes. Si los tropezones de tu híbrida existencia te hieren, también con el agua bendita articularás tu exuberante fe haciendo como que crees en la protección divina, aunque nunca te hayas humillado delante de Cristo y presumas que la llenura de Jesús es sibilina. Confirmados tarambanas, abstraídos y sesudos, asiduos clientes de esta agua hechizada, hoy son profanos probos, desde el fondo de su ser. Nadie se alarma, si el cabrito peregrina con sus falacias y calmantes remozados al día. Si con reverencia te bebes tres litros de agua bendecida por el papa, santificarás el jardín parroquial orinándolo. El acápite de los frijoles benditos toma cuerpo.

Salmo 34:7-10; Filipenses 4:6

34

La Eucaristía es el especial sacramento que entrega la gracia requerida para no abrazar el pecado, ni por los bordes. Una borrachera, un ilícito, rehuir la misa, una eyaculación fuera del indivisible matrimonio, un chisme siniestro, un bofetón a la esposa, un desaire pomposo al hambriento o alguna otra inmundicia deliberada, son sencillamente imposibles entre hostia y hostia en los hijos espirituales de la virgen María. Los que van al templo todos los domingos relumbran una pulcritud envidiable e irrebatible. Se apartaron de los pecados mortíferos con una alegría que comparten con megáfono en azotea tras azotea, en fornicio tras fornicio, en esquina tras esquina y ni la guiñada de un topless levantisco los detiene. El contraste lo estampa la Eucaristía y a los no católicos los apresó el rencor. Amoroso Dios, misericordioso Dios, ¿qué sería de estos granujas y tunantes sin la Eucaristía? ¿qué sería de los pederastas sin el Viático?

2 Pedro 3:11; Hebreos 12:14; Mateo 23:28

35

Personaje pintoresco de la comedia, remedo folklórico e irrisorio, aliño coreográfico del sacramento declamatorio, vestimenta piadosa, extremidades de barro, coprotagonista y capitán del cortejo. En el preciso minuto del sacramento y para testimonio del público presente, el padrino irradiará en la casa de Dios una vida congruente con la santa fe católica y con la comprometedora y mística misión que va a hacer como que asume. Concluida la parodia consentida, el padrino y los otros retornan aliviados a su infatigable comunión con los placeres vedados y congénitos.

Gálatas 5:16-17; Juan 3:6

36

Asistir a la misa los domingos y festivos es obligatorio desde los ocho años de edad. Los descarriados desde los nueve hacia adelante y en la zona de alerta naranja son ubérrimos, como las transacciones comerciales hechiceras no informadas al público, de la santa sede. Con la primera comunión son militantes de la Eucaristía con la íntima esperanza de evaporarse por la chimenea lo antes posible. La Confirmación deja al párroco menos conturbado, mas con el mismo bulto del ausentismo dominical. Casi todos los simpatizantes de la mamá de Dios festejan como niños el no ir a la parroquia. Lo gozan en silencio, con un botellón de pipeño. Faltar a la misa es un pecado mortal extendido y adorado. Con esta rígida norma, acá hay varios católicos que no se van a achicharrar por este específico motivo. Son pocos los que se maman estoicamente la liturgia, entallando una sonrisa de alivio cuando esta concluye. El cinco por ciento del rebaño acata con severidad el precepto de ir a la misa los domingos y festivos. Al otro noventa y cinco por ciento de infieles, que Mefistófeles los confisque de una buena vez ¡Bien merecido se lo tienen estos bellacos!

Díganme, ¿cómo es posible que un bautizado falte deliberadamente dos domingos seguidos a la misa? ¡Que se cuezan a llama lenta estos desgraciados! No asistir a la misa es un pecado mortal, nacional y vital.

¿Resistir la monótona misa o faltar? El comulgante descifra entre estas dos alternativas cual es la menos hipócrita, con resonante franqueza. Faltar a la misa es un pecado tan mortal, que te atornilla al infierno de un solo garrotazo y ni el purgatorio te tenderá una mano.

Hechos 4:31; 1 Corintios 14:26

37

El alma transita por un lado al infinito y la carne por el otro, a la putrefacción. Los deleites de la carne son la ruina del ser y la Tradición brilla por su inoperancia. Nada destrozará la procacidad del peregrino. La santa fe romana es incompetente y sombría, como ese robusto emocionalismo de la mariología.

2 Corintios 5:17; Isaías 33:14; Romanos 8:1; Juan 6:63

38

Me salió caro, mas el Nazareno me dio el divorcio. Soy soltero y casto como un púber. El poder del Señor es maravilloso y jarifo. Enjuagado en lágrimas agradezco al Todopoderoso por mi apellido de abolengo que me socorrió en los complicados instantes en que la burocracia romana puso a prueba mi paciencia acordada. Mantienen como un secreto político de Estado la lista de los adinerados que acceden por misericordia al sacramental divorcio de Dios. El Pontífice apetece, con el rosario gimiendo en el wáter, que la gente nunca se entere del palmarés de esta ancheta clasista y retorcida. El contable del Vaticano nunca oyó hablar de la indisolubilidad del matrimonio. En maximizar las comercializaciones de cada rubro o rito está el afán de sus recogimientos. En el discurso político de rigor el vicario es un terrorista con los descasados. Sólo él quiere divorciar y lucrar. No soltará ningún biberón, tampoco el del sacramento del divorcio. Soy un divorciado que comulga cada domingo y me voy a casar por primera vez, con la mujer que he fornicado estos duros años de espera en que el diablo me mantuvo casado contra mi voluntad, amarrado con alambres de púas. El papa romano me liberó de esa abyecta cadena llamada: matrimonio indisoluble por la santa iglesia católica.

Mateo 23:3; Gálatas 6:8

39

El pecado mortal te priva de la gracia, es el puente dinamitado que te separa del Señor. Te evacuan en ese mismo momento del purgatorio. Es el peor escenario del romanizado. La inasistencia dominical identifica al católico que presume de tal, sobre todo cuando le predican del arrepentimiento inconsútil. Es su impronta. Faltar a la misa te suelda en el fondo del agujero, con el rostro tajado y con el chapapote hasta las canillas. Sin recelos, queda clarísimo que éste es el pecado fatal más trillado y distinguido por la feligresía. No más del cinco por ciento asiste a la misa como el papa romano lo ordena. Los demás están fritos por todos lados, con aceite de linaza. Los domingueros leales son una atracción veraniega.

Hebreos 10:25; Éxodo 20:10-11

40

A pesar de las fechorías de este rito y los otros rezos, cada cierto tiempo bien dilatado, al parecer uno que otro se sanaría milagrosamente, por las oraciones a Jesús de terceros y segundos. La misericordia atrapa los confines incapturables. La Unción de los Enfermos es un deber laboral. Dolientes y moribundos siguen con ese sufrimiento incrustado con furia en el epicentro de la sustantividad. Tomar en serio este inocuo sacramento, de pacotilla, es parte de las más apreciada ética sacerdotal. Cuando el individuo egresa sano de la clínica buscan de inmediato con una motocicleta de rally elementos para que el candidato llegue a beato. Todos quieren que su difunto regalón suba a los altares a darle auge a los deprimidos ingresos del mecenas, que lo vio luchar con altruismo por el trofeo. La sanidad divina los deja turnios y calatos. Con o sin una investigación sumaria de por medio, toda sanidad sobrenatural efectiva, se le adjudicará total y completamente al príncipe de paz. Por sus llagas fuimos curados. Por la contundente y estable aflicción de la grey tampoco acribillan el camino deshilachado y equivocado.

Isaías 53:5; Marcos 16:18; 1 Corintios 12:9; Mateo 10:1

41

I

Las confesiones que se ejecutan, hacen de los pecadores bautizados y confirmados creyentes estropeados e impotentes frente a las más rancia de las tentaciones.

O estás justificado o no lo estás.
El único mérito es la sangre preciosa.

No son los sueños bien escritos
o las apariciones de demonios vestidos de mujer;
o las plásticas palmaditas prelaticias;
o las anotaciones positivas en tu hoja;
o el apego a la Tradición viva,
experta en succionar el aceite de las lámparas;
o los sacramentos, fabricados a pulso;
o los sacramentales que complementan la bufonada
o el infundado purgatorio para el que tiene mala puntería.
No, nada de esto es una fracción de la redención.

La gratuita salvación del alma brota quedándote quieto en tu escritorio o arrodillándote en medio de la macana. El giro violento de ciento ochenta grados es el timbre del estado de gracia. Dios se muestra y se revela a sí mismo a través de la Sagrada Escritura, cabalmente, única y suficiente Palabra de Dios en aquellos que le creen al Padre. La fe y la práctica del discípulo se ponen de pie sólo sobre la Biblia.

O eres una marioneta del Espíritu Santo y un exterminador de la mariología romana, o eres un chocarrero huero, un furris.

Aceptando a Cristo Jesús como tu dueño y benefactor, te embolsarás una morada celícola ahí, libre de gravámenes o sacramentos. El católico de buena cepa es un irredento recalcitrante. O eres una marioneta del Padre o nada.

Hechos 3:19; Hechos 17:30; Jeremías 18:11; Romanos 10:2

II

En el cristianismo el nuevo pacto es entre el hombre y Dios, mediante Cristo, en el romanismo es entre el fiel y la iglesia, mediante los sacramentos y la bambolla. La iglesia católica sólo lucha por ser insustituible, por razones macroeconómicas y geopolíticas.

Juan 3:18; Juan 6:35

42

Con el pecado favorito en un cofre de oro tapizado de imágenes religiosas, van a la misa casi seducidos de que algo no andaría mal. Cada uno, con amor de primo en la fe, solidariza callado con los pecados mortales del otro, aunque los destile en las aceras. Vuelven a sus hogares místicos y circunspectos tiznados con la polvorienta y legendaria complicidad dominical. Los reiterados golpes en el pecho con un puerco espín y las eucaristías impuestas por el apoderado de mamón, no rasguñan los acorazados murallones de esa naturaleza que se vino al suelo en el edén. El calcado rito, neutro y de humor ahumado, aumenta a paso firme el aspecto de beatitud en el rostro de esa grandísima mayoría con o sin cualidades histriónicas. Nadie pone el cofre de oro abierto hasta atrás a los pies del Señor de señores, deben, pero no pueden ni quieren hacerlo. Anhelan saltarse el paroxismo de ser rellenos del Espíritu Santo de un momento a otro. El pecado es un tirano entronizado en la pila bautismal de la capilla, con títulos de propiedad legalizados ante un notario en medio de la plaza, con tropas de seres alados desplomados de avales. Con el semblante totalmente purificado por el postizo evangelio pontificio y en compañía de los correligionarios de las mentiras ciclópeas que se agregaron al escrupuloso padrenuestro, egresan de las surrealistas misas casi seducidos de que algo no andaría mal.

Hechos 3:19; 2 Pedro 3:11; Tito 2:12

43

La indulgencia es la remisión de los pecados ya perdonados, de sus penas temporales. Es un golpe vitamínico al débil sacramento del perdón. Fue absuelto y quedó igual, sin un acceso perpendicular a la corte celestial. El perdón a medias es un pitorreo y el comburente purgatorio les da aliento.
Disminuyeron drásticamente la chacota restringiendo las indulgencias plenarias. De lo contrario, la Penitencia y los otros aseos serían chatarra.
¿Qué vale más para los que han partido? ¿una indulgencia o una misa por los difuntos? ¿cuál clasifica en segundo lugar? Con su supremacía, la indulgencia plenaria solitaria pone celosa a la Penitencia, a la misa y al embeleco. ¿La Penitencia sin una indulgencia es una broza, un abalorio? ¿cuál de las dos sobrevive sola?¿cuál es prescindible? ¿qué pellejo aguantaría una salvación de etapas largas, enrevesada, inconclusa y fulera?
El perdón del Redentor es acabado y fulminante y el nuevo pacto no es un funcionario.

Romanos 10:9; 1Juan 2:25; Isaías 43:25

44

En la anagógica aspersión
me pillaron desprevenido.
La mojada fue expeditiva,
como persiguiendo a un bandido.

La ceremonia fue en grupo,
me anduve enojando y lloré.
Accidentaron mi ondulado pelo,
por mi edad, no alegué.

Si con el devenir era un mundano acérrimo
a nadie le pareció importar.
Me ensoparon mi faz igual,
a cualquier precio se iban a asegurar.

Los apóstoles no bautizaban niños,
es irrefragable su condición.
Esperaban la conversión consciente a Cristo,
después vendría la personal decisión.

En el cristianismo normal los niños
componen automáticamente el reino de Dios,
sin matrículas o testas asperjadas.
De los tales es el reino de Dios.

La popular agua roza la magia azabache.
El bautismo infantil es ex opere operato,
por ensalmo eres un cristiano ajustado.
Aguda es la explicación a este tremebundo garabato.

El arrepentimiento no es para los lactantes,
estos por excelencia son hijos de Dios.
Un bruto comprende que no necesitan bautizarse,
más embarazoso es sumar dos más dos.

Marcos 10:14-16; Hechos 2:38

45

No se admitirán en la sagrada comunión excomulgados, pedófilos, paganos, cristianos maravillosos no católicos, esotéricos, los que están en entredicho, los que persisten en un pecado grave aderezado y a los embebidos con las cefaleas de conciencia o con un convoy de insomnios. Si todavía quedare en pie un azorado católico, éste comulgará si sus intimidades no son de primera plana o si no se siente el felón que es. Los notoriamente desarrimados cruzarán los dedos para que el sedicente purgatorio esté ahí, accesible. Esos que con una libreta de asistencia parroquial y una carpa colindante con el confesionario no restauran sus morrocotudas carencias, también hacen el ridículo, de punta a punta.

Ezequiel 36:25-27; Filipenses 2:15

46

Ojalá finalice luego el rito, decía el cristiano;
ojalá concluya pronto la alabanza, suplicaba el hermano;
ojalá termine luego el rezo, declaraba el creyente.

Basta de fastidio, murmuraba el cristiano;
ya no lo soporto, comentaba el hermano en la fe;
estoy harto, replicaba el creyente.

En el rito la frivolidad se encapota,
en los himnos la sensualidad se diferiría
y en el rezo se prohíbe boquear.

En las salidas nocturnas hay libertad de acción,
en las calles el evangelio es abismado
y nadie se enterará de lo que no eres.

Concluyó la alabanza, aliviado está el cristiano;
terminó el rezo, el hermano se sonríe solo;
se acabó el rito, se acabó el creyente templado.

Empezó la consagración, ya no hay cristiano;
comenzó el compromiso, desapareció el hermano;
es hora de trabajar, se fugó el creyente.

¿Cuál creyente?, dijo el cristiano;
¿cuál cristiano?, dijo el hermano;
¿cuál hermano?, dijo el creyente.

Apocalipsis 3:16; Mateo 22:5

47

Sólo el Señor perdona pecados, el sacerdote no emulará a Dios. Un párroco asolapado en su sotana no absolverá jamás a otro transgresor. Un carnal impenitente ordenado no dispensará a un lascivo sincero o chacotero. La fidelidad a la iglesia implica ser fiel a Cristo. Sí, en los apóstoles habitaban con autoridad la doctrina de la redención y la del lago de fuego, como quedó estampado en el nuevo testamento, sin la herejía de ponerse en el lugar de Dios.
Doblamos abatidos nuestras rodillas delante del Padre para que a través del suficiente Jesucristo, el Espíritu Santo sólo nos guíe al arrepentimiento y al perdón directo, breve y total, del bondadoso Dios, sin ninguna intromisión humana en el perdón en sí. Nadie se sentará en el trono del Perdonador, ni por un rato, ni vestido de negro seráfico.
Pedro le dijo a Simón que se arrepintiera y que le pidiera perdón a Dios directamente. Como siervo de Cristo, Pedro tenía más que claro que por ningún motivo podía perdonar pecados. La desobediencia le hubiese hecho un clérigo católico. Intentar suplantar a Dios es una heterodoxia ruda.
Como algunos se arrepienten siempre de lo mismo, el pastor retiene la hipocresía de la oveja conduciéndola a la auténtica enmendadura, aleccionándola con la remisión correcta. También es posible que seas absuelto formalmente y repleto del Espíritu Santo en el suelo de un cornijón sucio y sin ley, del barrio.
El pastor sí retiene los pecados y los líos de aquellos creyentes impíos que no se convierten a Cristo y que piensan torpemente que son hijos de Dios. El Padre misericordioso a todos perdonará. El arrepentimiento íntegro es el primer paso. El perdón divino proviene del divino Jesús.

Hechos 8:22; Mateo 6:14-15; Salmo 103:3; 1 Juan 1:9, Salmo 51:7-10; Salmo 79:9 Mateo 9:2; Mateo 9:6; Marcos 2:7

48

El ladrón que moría al lado de Jesús invocó Su nombre y fue salvado ahí mismo, sin bautismo ni expedienteos, con un vuelo directo e inmediato al paraíso. El ladrón no terminó de purificarse en el ficticio purgatorio porque la redención del Hijo de Dios es completa e in situ ¿Desde cuándo existiría el purgatorio? Los redimidos fallecidos abren sus ojos en el salón del Padre ese mismo día, antes de ser colocados en el ataúd. Para churruscarse en el infierno tampoco hay interludios. El desbragado que invoca con fe Su Nombre, Su perdón, se salva ahí mismo y en ese mismo minuto.

Lucas 23:42-43; Mateo 25:46

49

Ningún desquiciado cree que un bebé muerto no bautizado arde en el lago de fuego. Por ser almas inocentes, absolutamente todos los niños fallecidos no bautizados salvan su alma ipso facto, es más, de los tales es el reino de los cielos, de los tales es el reino de los cielos, porque el pequeñuelo no requiere de iniciación alguna, sobre todo si aún no pasa los dos años de edad. El bautismo infantil es un bodrio. Mediante el grosero bautismo regeneran el alma de un niño que ya es salvo.

Mateo 18:3; Lucas 18:16-17

50

I

Para el católico o pecador sin vuelta,
los sacramentos son medios de desgracia.
Después del rito queda igual o peor,
lo relevante es participar de la burocracia.

Los experimentados en finanzas internacionales
no puntualizan cual ha sido el más rentable.
Cada uno aportó su cordillera de monedas de oro,
con desvelo, los siete, componen el ingreso contable.

Frente a un espejo limpio no convencen a nadie,
pero hay que ponerle solemnidad al asunto.
Todos se incorporan con reverencia a la caricatura,
por cada sacramento te anotan un punto.

Si no quieres ser más un robot de tu carnalidad,
escabúllete del catecismo de las farsas
y de los pecados escondidísimos y taponados,
pasándote al evangelio primitivo, sin comparsas.

Hasta los más gigantescos desfachatados y sórdidos
gozan del acceso recto y franco a la presencia del Creador.
Sólo necesitan clamar a Dios a través del Nazareno.
Dentro de la voluntad está ese consentimiento revitalizador.

II

Los primeros siglos la iglesia creció sin esa maquinaria ritual insalvable que hoy es el sacramentalismo. Por esto, la iglesia dejó de crecer, transformándose en una religión nominal tumultuosa. Sin plus ni contribución, su eficacia está en la ostentación. Sí, cambiaron el perdón por el rito del perdón y Roma sin sus siete serpientes es un banco quebrado. Fueron instituidos en el concilio de Trento, un milenio y medio después de la resurrección. El retraso lo causó el temor al ridículo. Si un hombre se casa con Dios hay sacramento, si una mujer se casa con Dios no. Se intimidan con el supuesto señorío del septenario sacramental. La iglesia del Redentor sólo requiere del evangelio tal cual.

Marcos 1:15; Mateo 20:30; Santiago 1:6

51

Me desperté con mi alma salvada. Pequé gustosamente chupándome los dedos y me dormí la siesta estando en el infierno porque la jugosa falta era un pecado mortal. Al levantarme hice penitencia y salvé mi alma otra vez. Así me la he llevado años. Un día estoy con los ángeles de Jesús jugando rugby y al otro día estoy bailando joropo con los ángeles de Satanás, algo tenso. El jueves soy salvo y el sábado por la noche no. Mis amotinados nervios huelen a úlcera terminal. Si una muerte abrupta me impide confesarme, mis años de sacramentos, excelentes obras y méritos, no habrán servido de nada, absolutamente de nada. Cuatreros, adúlteros, embaucadores y avaros, deben ser afortunados a la hora de morirse también. Algunos criminales que se alcanzaron a confesar están en pleno holgorio en el purgatorio rusiente. De mí no sé nada, nadie sabe nada ¿Qué será de mí? ¡Que un pecado mortal no se te quede en el tintero! Mi caso es una moneda al aire. La enraizada y mudable redención católica es una ruleta rusa tirante y desalmada. No todos desean seguir pecando en el trapecio. Otras mañanas estoy con un pie en el horno y con el otro en las llamas purificadoras. Ser un suertudo, el purgatorio y un cajón de antiácidos, son las únicas esperanzas para los católicos que sueñan con pecar y marchar al cielo a la misma vez. Tantas veces desjustificado, tantas veces rejustificado. El catolicismo es un naufragio perenne.

Romanos 14:17; Lucas 13:5; 1 Pedro 4:18; Hechos 2:28

52

El que renuncia al catolicismo por digerir el evangelio puro y simple se libera de todos los sacramentos o grasas. La salvación del alma es tan sencilla como postrarse delante del Redentor y adorarle por siempre. Lánzate adentro de la Santísima Trinidad como quien se lanza al vacío sin recapacitar.
Te arrepentirás y te perdonará,
te convertirás y te aceptará,
te humillarás y te aseará,
le obedecerás y te enviará,
orarás y te soportará.
Todo acontece sólo entre Dios y tú, cara a cara. La salvación es gratis, eterna y concisa, y sin más, una vez escuchada y aceptada la Palabra. El Magisterio interpreta a su antojo la Escritura y por un presupuesto de caja viable en la mano, se acomoda, se mimetiza, se inocula y se infiltra.

Mateo 9:22; Marcos 5:34 

53

Cuando extravío la gracia bautismal acudo con presteza a la fracasada Penitencia, la segunda tabla de salvación del pajarraco. La gracia bautismal me ve como un caravasar, un tambo ¿Cuál es la tercera tabla en este melodrama? Almas se supeditan a una nomenclatura de sacramentos que son gerenciados por el tornadizo Magisterio. El sacramento te encadena a Roma, nunca a Cristo. El Espíritu es el que higieniza al que está de rodillas. Sólo el salvado libremente se bautiza, el inocente no.

Romanos 2:5; Juan 17:17; Hechos 8:37; Hechos 7:51

54

Mediante el arrepentimiento de nuestros pecados y de la conversión honesta a Jesucristo: somos liberados del pecado y hechos hijos de Dios; aseguramos la entrada a la bienaventuranza eterna; se nos ordena bautizarnos y cenar con el Redentor; somos nuevas criaturas con una nueva vida. Lo primero es creer en Él, creer en Su Palabra. La iglesia es el conglomerado de los arrepentidos ¿En dónde está la potestad para ser un hijo de Dios?

Juan 1:12; Hechos 8:37; Romanos 3:30; Juan 3:16

55

Si el buen católico fallece en pecado mortal sin la reglamentada absolución, al fuego eterno se va. Y eso sería todo. Una mayor aflicción imposible. Morir en un accidente o de un infarto fulminante sin confesarse, es un infortunio tremebundo. La institucionalidad romana, ente maestra del terror y de las granujadas, te absuelve de las metidas de pata y te ata mediante el pánico. Lo más favorable es morirse arrollado a la salida del confesionario, por un camión. Sólo fuera del sacramentalismo hay salvación.

Juan 3:16; Gálatas 5:16

56

El bautizado se purificará un tiempo indeterminado e inmedible en el parabolano purgatorio carmesí, antes de ser trasladado a su microondas final. La misa por los difuntos le acortaría el sufrimiento, porque con la energía de la santa cruz no alcanzó para remitirlo súbitamente al comedor del Padre. La misa por los muertos completa el ultraje.

Hebreos 9:27; Judas 24-25; Juan 19:30; Eclesiastés 9:5-6; Efesios 2:8-9

57

Para la muerte, la extremaunción;
para el nacimiento, el bautismo;
para que no perezca el catolicismo, el matrimonio;
para cautivar al bautizado, la confirmación;
para asegurar la capitulación, la eucaristía;
para que el fingidor no se desanime, la penitencia;
y para administrar el tenderete, el orden.

Siete mercancías tácticas que envuelven todo el periplo
de los chamarileros y jacareros inconvencibles.

Juan 6:35; Hechos 3:19

58

La Tradición es vital en el ensamble
de la ignominia, del sacramentalismo.
La participación de la Sagrada Escritura
es débil y exigua, pero digna, a veces.

En el primer milenio el Magisterio no se pronunció
formalmente sobre los siete sacramentos,
en el segundo neutralizó toda probidad.
También se apoderaron de los dones del Espíritu.

Estos signos visibles de la desgracia invisible
te engrillan a la santa sede, no al Redentor.
La gracia va de Cristo al alma sin ritos, por la fe.
Si hay un sacramento, este es el arrepentimiento.

Al Vaticano le faltarán los vocablos sobrenaturales,
mas no el doloso y fachoso sacramentalismo.
Leales acérrimos a sus concilios y pamplinadas,
mas no al evangelio puro y sencillo de Jesús.

Mateo 7:13; Isaías 29:13

59

Si la gracia depende del sacramento, la gracia queda enlazada a éste y a su mánager. Si la gracia no depende de la Penitencia, ésta es un argamandel, un perifollo. Amárrate al Padre, mediante el Hijo, en el ministerio del Espíritu Santo. Arrepiéntete, conviértete y bautízate. La gracia es un retoño del arrepentimiento y la conversión a Jesucristo te deja en estado de gracia. A los discípulos se les ordena bautizarse y participar en la santa cena en memoria de Él. Las cenas son de noche. Y los católicos son fieles seguidores de una fracción de la Escritura y de la Tradición toda, del Cristo sacramentado y de María, de Dios y de Lucifer. La misa es un vehículo garantizado, al inexistente purgatorio.

Hechos 3:19; 2 Corintios 5:16-19; Salmo 51:16-17

60

Si un iluminado Romano Pontífice inventare un sacramento más, también podría aducirle un origen cristológico como la unción de David, para decir que ungir a un papa es un sacramento, como la unción del templo de Salomón, para decir que ungir una catedral es un sacramento. La Biblia da para todo sentenció el concilio tridentino. Debidamente tramitado por el papa y un concilio benefactor, nada impide la creación de un octavo sacramento, nada.

Deuteronomio 4:2; Hechos 7:39; Juan 1:17

61

Cuando ingreso cabizbajo al confesionario, un jote que no veo supliría a Dios. A tal extremo llega la descentralización, que el mismo me perdona los pecados, disminuyéndole los quehaceres al Creador. Dios reconforta, creó el universo, guía todo, santifica, salva, entrega talentos y misiones, sana leprosos, sanciona, resucita muertos, divide las aguas, mueve montañas, protege; mas aquello que es lo más relevante en uno, el perdón formal y sobrenatural de los pecados, quedó en manos de un párroco chapucero. No sería bien visto bíblicamente que el Todopoderoso ande perdonando a los arrepentidos que se le postran, y menos de una forma tan directa, llana, seca y total, como lo hacía Jesús. El regente del confesionario te remite a la cocinilla según el ortodoxo manual político que ya no asustaría.

1 Juan 1:9; Marcos 2:7; Mateo 6:15; Salmo 86:5; Salmo 51:10; Romanos 3:24-25

62

Sin la Confesión es un lisiado y con ella es un baldado anublado. Cien reconciliaciones antiparasitarias sobre sí y sigue siendo un fiambre detrás de una nariz. En los sacramentos se unificaron con reciedumbre el vacío eclesial y la pediculosis fundamentalista.

Romanos 8:15; Hechos 3:19

63

La Reconciliación borraría la culpa del pecado, mas hay que limpiarse, remitir la pena temporal. La Confesión como tal purifica un poco, las galernas otro poco, sentarse con una espina en el glúteo otro poco, cruzar la isla cretense con los codos otro poco, la unción de los enfermos otro poco, la solidaridad y las pruebas otro poco y la parrilla del otro lado el último mucho. Ninguna de las siete escobas barre. Ningún sacramento te asegura la salvación eterna hoy y ninguno te libera de tus transgresiones, como ya viste. El creyente se bautiza después de ser redimido y participa de la santa cena por serlo. Si de María salieron siete demonios, Jesús te liberará de las siete lacras romanas, con amor y esmero. Sí, el sacramentado a veces cree que peca menos.

Lucas 8:3; Juan 6:47; Juan 7:38

64

La traumatizada indulgencia no comprende
que el sacrificio de la cruz fue completo y uno solo.

El irreal purgatorio no aceptará ni con una tunda
que la salvación y la condenación son plenas, al morir.

La misa por los difuntos aún no se percata
que empezado el velatorio no hay nada más que hacer.

Con buenas obras ningún creyente se gana el cielo.
El hijo de Dios se dona por obediencia y cariño al Padre.

En la redención no hay méritos humanos.
La sangre preciosa es mérito suficiente.

El arrepentimiento y la honda conversión a Cristo Jesús
te remachan en el estado de gracia.

El justo por su fe y perseverancia se salvará.
Los rituales piadosos no desempaquetan el edén.

Hebreos 10:10-14; Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16; Tito 2:14; Mateo 24:13; Hebreos 10:39




Fin del libro “Los siete sacramentos de la jauría”. 




De la antología: “Las sotanas de Satán”
http://lassotanasdesatan.blogspot.com/





FIN