A la impresionante infecundidad de los sacramentos católicos, que nunca transforman al hombre en un ser nuevo o redimido. La espiritualidad teatral no sirve, por muy bueno que sea el guion. No son vehículos de gracia. La Escritura señala dos ordenanzas. En el aspecto externo y ceremonioso los sacramentos son populares y respetados por muchos. Te conviertes a Cristo y después te bautizas libremente. Concluido el sacramento por milésima vez el católico promedio continúa tan pecador como siempre.